El pasado 3 de marzo falleció Javier Eguskiza. Conocido con el seudónimo de “Kartajanari”, ha sido uno de los referentes mundiales de la información sobre el Himalaya, junto a la recientemente desaparecida Elisabeth Hawley. Sus datos y estadísticas eran respetados y utilizados por los historiadores y tratadistas del Himalaya.

Curso estudios de ingeniería industrial en Bilbao y San Sebastián y en 1971 marchó a vivir a Inglaterra, residiendo en una primera fase en la ciudad de Eastbourne (Sussex).  En 1974, viajó a Nepal en el momento en que la expedición Tximist al Everest se encontraba en el campo base. Este aproximación física a las montañas más elevadas del mundo y el  conocimiento personal con Elisabeth Hawley marcaron su posterior dedicación al Himalaya, que se reflejó en las “Crónicas ochomilistas”, suscritas con el seudónimo “Kartajanari” (“comedor de mapas”, en euskera). En 1978 se casó con Jennifer (Jenny) Hobden y residió en Worcester hasta 2001, año en el que regresó a Bilbao.

Dotado de una memoria e inteligencia prodigiosas, pronto destacó por la precisión y fiabilidad de los informes que escribía sobre el desarrollo de las expediciones a ochomiles, llegando a ser una referencia mundial reconocida por los especialistas y por los mejores montañeros del momento, que requerían sus infalibles estadísticas para sus libros. Perfeccionista en grado sumo en su trabajo, la extrema exactitud de sus informaciones la conseguía a base de mantener interminables conversaciones telefónicas directas con expedicionarios de todo el mundo.

Fue él quien introdujo en Europa el concepto de la “prominencia” de las montañas, con la colaboración del británico Jonathan de Ferranti y del polaco Parys Lisiecki, calculando exhaustivos listados de cumbres de la península, tema que fue luego divulgado con éxito, entre otros, en los libros del madrileño José Martínez.

Durante largos años fue un colaborador importante en revistas internacionales de gran prestigio como American Alpin Journal o la japonesa Iwa to Yuki y la revista médica JAMA y, evidentemente, de la revista vasca Pyrenaica (en la que publicó 45 artículos), con la particularidad de que nunca exigió ninguna compensación económica por sus crónicas. De la misma forma, siempre rehusó aceptar cualquier tipo de homenaje o reconocimiento público.

Antes de su fallecimiento, había donado su extraordinaria biblioteca – unos tres mil volúmenes-, la mayor parte de ellos centrados en las grandes cordilleras de Asia, a  EMMOA, Fundación del Museo del Montañismo Vasco.

 

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